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El arte de contar cuentos

1 oct
2 min de lectura

Había una vez un mundo sin libros.

Las historias vivían en la memoria y viajaban en la voz.

Alguien contaba y alguien escuchaba.

Y así, entre palabras y silencios, los más pequeños iban conociendo el mundo.

Mucho antes de que existiera la escritura, los pueblos compartían relatos para transmitir conocimientos, conservar sus tradiciones y recordar de dónde venían.

Las historias pasaban de una generación a otra, llevando consigo la memoria de una comunidad.

Esa tradición sigue viva hoy.

Con el tiempo llegaron los libros.

Las historias encontraron un hogar entre sus páginas, y nosotros, nuevas maneras de compartirlas.

Hoy, en medio de horarios, pendientes y pantallas, abrir un libro con un niño puede crear una pausa para encontrarnos.

Nos sentamos cerca, miramos juntos y dejamos que una historia nos lleve a conversar.

Un personaje que tiene miedo puede abrir la puerta a una pregunta: «¿Alguna vez te has sentido así?». Una despedida puede ayudarnos a hablar de alguien que extrañamos.

Una aventura puede despertar un recuerdo: «Cuando yo era pequeña…».

A veces, a través de un cuento, aparece esa conversación que las prisas del día no nos habían permitido tener.

Leer juntos también ofrece palabras nuevas, preguntas y oportunidades para imaginar.

Y nos permite conocer un poco más a ese niño: qué le sorprende, qué le preocupa, qué quiere escuchar otra vez.

No hace falta tener una voz de artista ni terminar el libro.

Podemos detenernos en una ilustración, escuchar un comentario o repetir su parte favorita.

También podemos contar historias de nuestra familia, de nuestra infancia, de aquel día que todavía recordamos.

Esta noche, abre un libro y hazle un lugar a lo que surja entre sus páginas.

Quizás tu hijo quiera preguntar algo.

Quizás quiera contarte algo.

Y entonces, el cuento continuará en su propia voz.

Recuerda...

¨La magia está en tu voz¨


 
 
 

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